lunes, 19 de abril de 2010

Antes fue la mujer de rojo...


...y ahora, La mujer de verde.

Corren buenos tiempos para la literatura nórdica de suspense. El sueco Stieg Larsson es el autor de moda y su trilogía Millenium ocupa los primeros puestos de ventas. También Henning Mankell alcanza cifras millonarias. Y probablemente el islandés Arnaldur Indridason sea el tercer nombre de este triunvirato de excelentes autores llamados “del hielo”. Pero es que tengo que reconocer que la lectura de La mujer de verde me ha cautivado.

La mujer de verde, una de las novelas negras más premiadas y elogiadas de los últimos cinco años en Europa y Estados Unidos, cuenta el esclarecimiento de un asesinato cometido hace más de 50 años. Reykiavik se está expandiendo y en una de las excavaciones unos niños encuentran una costilla humana. El caso llega a manos del inspector Erlendur, y la resolución parece un tanto compleja, ya que el tiempo ha borrado cualquier indicio.

Los escenarios en que se mueve Erlendur se entremezclan con su ánimo porque, según el propio autor, “hay una clara relación entre el paisaje y el alma de los personajes”.


La resolución de un enigma, por lo general un asesinato, es el motor de toda novela negra. Pero es que además, en el caso de Indridason, incluso llegamos a olvidarnos del asunto argumental gracias a su riqueza narrativa y el cuidado con que describe cualquier detalle, el interés que te despierta en las subtramas más allá de la trama principal y, sobre todo, la caracterización de Erlendur, un genuino anti-héroe.

Como veréis, es una lectura altamente recomendable. Aunque eso sí, cuidado porque puede herir sensibilidades (y no quiero desvelar nada más). Como siempre, he aquí el primer párrafo del libro:

Vio que se trataba de un hueso humano en cuanto se lo quitó a la niña, que estaba sentada en el suelo jugueteando con él.

lunes, 5 de abril de 2010

A mí no me gusta la Nocilla


Nocilla dream, novela a la que algunos etiquetan como indie, ha resultado ser un enorme bluf. Después de leer críticas como "es una de las apuestas narrativas más arriesgadas de los útimos años" o “un libro lleno de aciertos, de páginas memorables, de detalles deliciosos que de ninguna manera debiera pasar desapercibido” he de reconocer que me había picado el gusanillo de la curiosidad. ¡Aix! Craso error.

Llevo 217 páginas de novela inconexa, hecha a base de extractos frikis cogidos de aquí y de allá sin ningún tipo de lógica, entremezclados con historias absurdas que el autor pretende convertir en novela collage. No sé, una auténtica ida de olla que consigue aburrir al lector que con curiosidad se plantea la lectura de este libro (como yo). Entre sus páginas encontraréis
una carretera en el desierto de 418 kilómetros en la que sólo hay un árbol -un álamo para ser exactos- en el que cuelgan varios pares de zapatos; también aparecen cuatro chicas rubias surferas, un adorador de Borges, una gasolinera en el desierto de Albacete, una prostituta que se pinta las uñas de los pies en un porche, una maleta llena de fotos de rostros, alguien que hace cuadros con chicles, micronaciones surrealistas... No sé, yo no entiendo nada de este libro. Quizás es que no haya nada que entender, que también puede ser.


Total, que decepción absoluta y, por supuesto, ya os digo ahora que la trilogía "Nocilla" se va a quedar en un mero ejemplar que cogerá polvo escondido en mi librería.

Para que veais alguno de los extractos frikis de los que os hablo, he aquí una frase escogida al azar en la página 132:

"...En efecto, en su afán por no perder un quimérico espíritu americano, Jeevan ha cargado las tintas, y las tramas, más que historias ilustradas parecen teoremas desarrollados a base de concatenaciones silogísticas tan maquínicas que incluso cuando la historia se relaja y suelta amarras, más que proliferar a un plano fantástico se aprecia claramente que la máquina de narrar se ha estropeado para siempre; como cuando un motor suelta su último suspiro y entra en la esfera del sueño, sí, pero del sueño eterno..."

miércoles, 10 de febrero de 2010

Desayunando con Truman Capote


Desayuno en Tiffany’s es uno de los relatos que podría considerarse como míticos dentro del imaginario literario de todos nosotros. Quizá sea por la imagen que todos tenemos de Audrey Hepburn con moño elevado y fumando con boquilla, quizá sea por la calidad de Truman Capote como narrador. En cualquier caso, de lo que no hay duda alguna es que Holly Golightly (la protagonista) es un personaje único, seductor, con carisma y que atrae a cualquier lector, aún sin quererlo.

Capote elabora una serie de retratos de gente común que se deja llevar por la más absoluta banalidad, pero que siguen firmemente arraigados a su pasado y que sueñan con un futuro lejano, que los convierta en viajeros en busca de su destino.

En Nueva York de mediados del siglo XX, donde el sueño americano se ve frustrado una y otra vez, Holly, nuestra protagonista, una joven atractiva sin pasado, se convierte en uno de los personajes públicos de sociedad más sofisticados. Su vida se basa en ir picoteando un poquito aquí, un poquito allí; bebiendo cócteles y rompiendo corazones en clubes de moda. Es una mezcla de picardía e inocencia, de astucia y autenticidad; Holly vive en la provisionalidad permanente, sin pasado, no queriendo pertenecer a nada ni a nadie, sintiéndose desterrada en todas partes pese al glamour que la rodea.

Sus andanzas están matizadas por un tono tragicómico, que revela una fragilidad que se esconde detrás de sus ansias por divertirse. Pero este lado oculto de su personalidad es descubierto por un joven aspirante a escritor llamado Paul Varjak, que es también su vecino y el narrador de la novela.

¿Queréis saber cuál es el papel de Tiffany’s en toda esta historia? Pues tendréis que leérosla…

Esta edición del libro (editorial Compactos Anagrama), no sólo incluye Desayuno en Tiffany’s (una grata sorpresa, sea dicho de paso), sino que también le siguen tres cuentos más breves del mismo autor: La casa de las flores, Una guitarra de diamantes y Recuerdo navideño. Cada una de estas piezas es una pequeña joya.

Aquí os dejo con el primer párrafo:

Siempre me siento atraído por los lugares en donde he vivido, por las casas y los barrios. Por ejemplo, hay un edificio de roja piedra arenisca en la zona de las Setenta Este donde, durante los primeros años de la guerra, tuve mi primer apartamento neoyorquino. Era una sola habitación atestada de muebles de trastero, un sofá y unas obesas butacas tapizadas de ese especial y rasposo terciopelo rojo que solemos asociar a los trenes en día caluroso. Tenía las paredes estucadas, de un color tirando a esputo de tabaco mascado. Por todas partes, incluso en el baño, había grabados de ruinas romanas que el tiempo había salpicado de pardas manchas. çla única ventana daba a la escalera de incendios. A pesar de estos inconvenientes, me embargaba una tremenda alegría cada vez que notaba en el bolsillo la llave de este apartamento; por muy sombrío que fuese, era, de todos modos, mi casa, mía y de nadie más, y la primera, y tenía allí mis libros, y botes llenos de lápices por afilar, todo cuanto necesitaba, o eso me parecía, para convertirme en el escritor que quería ser.

lunes, 11 de enero de 2010

¡Cuidado! No te quemes con El Fuego


¡Bah! Es que no voy ni a esperar a terminarlo para hacer la crítica. ¡Infumable! Llevo dos meses intentando leer este tocho indecente y cada vez que leo una página, me aburro y vuelvo a dejarlo en la mesilla. Se me cierran los ojos de lo complicado, lento y tedioso que se me está haciendo...

Soy fiel defensora de El Ocho, no sé si por cariño o porque fue el primer libro “de mayores” que me leí. Pero la verdad es que el recuerdo que me queda de esa novela es que me lo pasé muy bien, y que para ser una jovencita de 12 años, me tuvo en vilo de principio a fin.

¿A quién se le ocurre entusiasmarse con una secuela? Quizás mis expectativas eran muy elevadas, quizás tengo un recuerdo difuso de la primera parte y me confié, o quizás es que simplemente es una novela mala. Empecé a leer El Fuego con avidez, con ganas de revivir la emoción de El Ocho, pero las ganas se iban esfumando página tras página. ¡Qué decepción! ¡Menudo chasco! ¡Y ni siquiera me apetece seguir leyendo! Cada vez me aburre más: entre la mezcla de periodos históricos con personajes reales que están metidos con calzador (o que incluso despistan más que aportan) y los personajes de ficción que son esperpentos que conspiran por doquier, es una novela decepcionante, insípida, confusa y que creo que no se merece ni mi tiempo ni mi esfuerzo por acabármela.

Ahí queda eso.

Si aún así, alguien siente unas terribles ganas de leérselo (el adjetivo “terrible” no ha sido escogido al azar…), he aquí el primer párrafo de tan desilusionante novela:

En el año 782 de Nuestro Señor, el emperador Carlomagno recibió un fabuloso presente de Ibn al-Arabi, gobernador musulmán de Barcelona: un juego de ajedrez de oro y plata, engastado en joyas, que hoy conocemos como el ajedrez de Montglane. Se decía que el juego escondía misteriosas y oscuras propiedades secretas, por lo que todos aquellos obsesionados con el poder deseaban hacerse con las piezas. Para impedirlo, el ajedrez de Montglane permaneció enterrado cerca de mil años. En 1790, en los albores de la Revolución francesa, el juego fue exhumado de su escondite, la abadía de Montglane, en el Bearne (Pirineos vascofranceses), y las piezas se repartieron por todo el mundo. Este movimiento inició una nueva partida de un juego mortal, un juego que amenaza, incluso hoy, con prender el fósforo que hará arder el mundo…

domingo, 18 de octubre de 2009

Una niña que consigue robar algo más que libros

Hay temáticas que ya se han tratado hasta la saciedad. Por eso, que una temática tan explotada como la de los nazis logre seducirme y emocionarme, tiene su qué.

Tengo que reconocer que al principio estuve un poco descolocada. ¿La Muerte como personaje “humanizado” que ejerce de narradora? ¿Y en plena Segunda Guerra Mundial? ¡Buf, la que me espera!

Pero poco a poco, tanto la historia como su narración te sumergen en un mundo donde los estereotipos se desdibujan; donde el poder de las palabras (y por ende, el de los libros) toma un protagonismo mágico que te invita a seguir leyendo.

El sentido lírico de La ladrona de libros convierte la lectura de esta novela en algo plácido, conmovedor y, a ciencia cierta, altamente recomendable. Y a pesar de que es una lectura amena y entretenida, nos encontramos ante una historia triste, de las de paquete de cleenex cuando se acercan los últimos capítulos.

Se dice que la prosa de Markus Zusak es cálida, que crea un lugar hermoso donde el lector se mece. Según el propio autor, escribió la novela con el corazón y cuando se escribe así, sin pensar en nada más, el escritor disfruta y en su trabajo se refleja.

Con el temor de parecer repetitiva, os recomiendo fervientemente la lectura de La ladrona de libros. Y como de costumbre, os transcribo el primer párrafo del libro.

PRÓLOGO
Una montaña de escombros
Donde nuestra narradora se presenta a sí misma.
La muerte y tú.

Primero los colores.
Luego los humanos.
Así es como acostumbro a ver las cosas.
O, al menos, así intento verlas.

UN PEQUEÑO DETALLE
Morirás

Sinceramente, me esfuerzo por tratar el tema con tranquilidad, pero a casi todo el mundo le cuesta creerme, por más que yo proteste. Por favor, confía en mí. De verdad, puedo ser alegre. Amable, agradable, afable… Y eso sólo son las palabras que empiezan por “a”. Pero no me pidas que sea simpática, la simpatía no va conmigo.

RESPUESTA AL DETALLE ANTERIORMENTE MENCIONADO
¿Te preocupa?
Insisto: no tengas miedo.
Si algo me distingue es que soy justa.

Por supuesto, una introducción.
Un comienzo.
¿Qué habrá sido de mis modales?
Podría presentarme como es debido pero, la verdad, no es necesario. Pronto me conocerás bien, todo depende de una compleja combinación de variables. Por ahora baste con decir que, tarde o temprano, apareceré ante ti con la mayor cordialidad. Tomaré tu alma en mis manos, un color se posará sobre mi hombro y te llevaré conmigo con suma delicadeza.

jueves, 8 de octubre de 2009

La sinfonía que nunca debió descubrirse


El argumento de esta novela suena apetitoso.

El mundo de la música clásica se revoluciona cuando el prestigioso director de orquesta Roland Thomas interpreta, en un concierto privado, la supuesta reconstrucción del primer movimiento de la Décima Sinfonía de Beethoven. Uno de los invitados al acontecimiento, el joven musicólogo Daniel Paniagua, sospecha al escuchar una música tan sublime y le asaltan las dudas: ¿Y si la partitura original de Beethoven de la Décima existiera y hubiera llegado a manos de Thomas? Tras un cruento asesinato, comienza una peligrosa carrera contrarreloj en la que el protagonista tiene que enfrentarse a influyentes grupos de poder, oscuros hombres de negocios o, incluso, descendientes de Napoleón, que pelean por hacerse con el llamado ‘Santo Grial‘ de la música clásica.

Pero después de leerla, yo la calificaría como una novelita sin complicaciones ni florituras, de ésas para leer en el metro y sin esperar mucho. Gelinek se recrea, para mi gusto demasiado, en sus amplios conocimientos musicales, muy técnicos para los que no somos músicos, y bastante a menudo, llegando a ser un poco cansino.

La décima sinfonía podría definirse como una especie de thriller musical. Un asesinato predecible, un musicólogo por protagonista, y unas deducciones muy poco creíbles son la base de una trama correcta, pero con poca credibilidad, más bien insulsa. Además, algunos personajes que parece que van a ser importantes para el desarrollo de la acción desaparecen de repente, sin que nada más se sepa de ellos.

Para acabar, y dado que La décima sinfonía está basada en la figura de Ludwig van Beethoven, acabaré con una de sus frases más célebres:

"Plaudite, amici, comedia finita est."


Como viene siendo habitual, he aquí el primer párrafo de la novela, por si os entra el gusanillo.


Almería, verano de 1980

Un Mercedes-Benz 450 SL de color blanco, con el motor ronroneante, llevaba detenido diez minutos en segunda fila, a unos metros de la oficina principal del Banco de Andalucía de Mojácar. Al volante, con gafas de sol y un delicado vestido de lino verde sin mangas, que se transparentaba ligeramente a contraluz, se hallaba sentada una mujer rubia con tal aspecto de estrella de Hollywood que ya se había visto obligada a defraudar a varios lugareños que se habían acercado a solicitarle un autógrafo, asegurándoles que no solo no era Jane Fonda —ni Farrah Fawcett, la otra diva con quien la habían confundido— sino que ni siquiera se dedicaba al séptimo arte. Su glamoroso aspecto se debía sobre todo a su pose felina y a lo endiabladamente bien que le sentaba aquel vaporoso vestido, a través del cual emergía majestuoso un largo y blanco cuello de garza. La mujer entretenía la espera escuchando «Take Five», el legendario tema del cuarteto de jazz de Dave Brubeck en el que Paul Desmond, el saxo alto, exponía la pegadiza y sinuosa melodía con tanta elegancia que el oyente tenía la sensación de que le estaban sirviendo una especie de Martini sonoro.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

Los pilares de cualquier biblioteca...


¿Qué decir de Los pilares de la tierra? Sin palabras, lo diré con números: casi 1.400 páginas en 8 días…


Y bueno, con palabras también se puede, pero todas serán buenas. Porque se trata de un libro imprescindible en cualquier biblioteca que se precie llamarse como tal.

Me parece una novela magistral, muy bien elaborada, con una construcción de tramas y subtramas perfectamente entrelazadas, que crean un universo que te envuelve, en el que una vez entras, cuesta salir.


Una catedral gótica y su proceso de construcción sirven de excusa para la articulación de una historia que transcurre en la Edad Media, época de caballeros y escuderos, pero con un contenido sin anacronismos, en el que se entrecruzan sentimientos atemporales, como el odio, el amor, la venganza, o el miedo.

Menos mal que no se trata de un manual de construcción de catedrales, aunque salga terminología propia del gremio; sino que se trata de un libro donde las vivencias de los personajes ocupan el primer plano. Los personajes, muy variados y perfectamente dibujados, se alejan mucho de los estereotipos maniqueos en los que sólo hay bueno o malos.


La identificación con los protagonistas es genuina y catárquica; las sensaciones y las reacciones de los personajes frente a las injusticias que se suceden son imperecederas: el drama ante el sufrimiento de los seres queridos, la impotencia de una relación imposible, la estupefacción ante la impunidad de las maniobras de los poderosos…


Además, a la trama ficticia la acompañan hechos históricos reales que rodean las circunstancias de los personajes (el naufragio del White Ship, la guerra civil entre Maud y Henry o el asesinato de Thomas Becket) y que sustentan la historia de ficción.


A pesar de ello, la lectura del libro no constituye una dificultad añadida. El interés se mantiene a lo largo de todo su desarrollo y el resultado es una novela muy amena, que te atrapa casi de principio a fin gracias a un argumento original, basado en un rompecabezas inteligente de personajes que no defraudan.


Y como siempre, que se os haga la boca agua con el primer párrafo del libro.


PRÓLOGO – 1123

Los chiquillos llegaron temprano para el ahorcamiento.

Todavía estaba oscuro cuando los tres o cuatro primeros se escurrieron con cautela de las covachuelas, sigilosos como gatos, con sus botas de fieltro. El pequeño pueblo aparecía cubierto por una ligera capa de nieve reciente como si le hubiesen dado una nueva mano de pintura y sus huellas fueron las primeras en macular su perfecta superficie. Se encaminaron a través de las arracimadas chozas de madera y a lo largo de las calles de barro helado hasta la silenciosa plaza del mercado donde la horca permanecía a la espera. Los muchachos aborrecían cuanto sus mayores tenían en estima. Despreciaban la belleza y se burlaban de la bondad. Se morían de risa a la vista de un lisiado y, de encontrarse con un animal herido, lo mataban a pedradas. Alardeaban de heridas y mostraban orgullosos sus cicatrices, reservando una admiración especial ante una mutilación. Un chico al que le faltara un dedo podía llegar a ser un rey. Amaban la violencia, podían recorrer millas para presenciar derramamientos de sangre y jamás se perdían un ahorcamiento.

lunes, 14 de septiembre de 2009

Porque me lo regalaron, que si no...


…que si no hubiera pasado totalmente desapercibido entre mis preferencias literarias. La verdad es que cuando cayó en mis manos este librito, no sabía muy bien qué pensar o qué tipo de expectativas tener. Algún día dedicaré un post a contar cómo llegaron una serie de curiosidades literarias a mis manos (con tu permiso, Jorge, of course).

A medida que iba leyendo, se despertó la curiosidad en mí para acabar decepcionándome por completo. La verdad es que de este autor no había leído nada, pero había visto una película adaptada por David Cronemberg de uno de sus libros: la magnífica Crash (que recomiendo fervientemente desde aquí a todo aquel que aún no la haya visto). Y supongo que ese fue mi error: esperarme una novela parecida a lo que había visto.

Fúria Feroz se trata de una escueta novela narrada en forma de crónica y en clave de informe forense donde se cuentan los acontecimientos que tienen lugar en la imaginaria urbanización de Pangbourne Village, una especie de complejo residencial burgués absolutamente utópico e hipócrita. Si la leéis, me entenderéis. Un final lamentablemente predecible, y aunque en todo momento esperé un giro que alimentara el suspense, entiendo que el desenlace cumplía ciertos requisitos humanistas del autor.

Para quién se quiera arriesgar, ahí va el primer párrafo de la obra:

De los diarios forenses del doctor Richard Greville, asesor psiquiátrico adjunto, Policía de Londres.

25 de agosto de 1988.
¿Por dónde empezar? Tanto se ha escrito sobre la masacre de Pangbourne, como se la conoce ahora en la prensa popular de todo el mundo, que me resulta difícil ver con claridad ese trágico suceso. En los últimos dos meses ha habido tantos programas de televisión acerca de los treinta y dos residentes asesinados en esa urbanización exclusiva de oeste de Londres, y tantas conjeturas acerca del secuestro de sus trece hijos, que casi no queda espacio para una sola hipótesis nueva.

martes, 7 de julio de 2009

Créeme, a veces es mejor hacerse el sueco...


No sé qué pasa en mi vida últimamente que está plagada de suecos, que, además, por más inri, todos comparten apellido. Todo empezó con el Larsson que vino al Barça, con el que me invadió un auténtico sentimiento de simpatía hacia él. Luego llegó Stieg y su trilogía enfermiza (enfermiza por el simple hecho de que creo que leerse 2.000 páginas en 15 días puede llegar a considerarse enfermizo, sí).

Y ahora se cruza en mi camino Asa Larsson. Sabía que el libro que me leyera después de la Trilogía Milenium pasaría sin pena ni gloria por mi biblioteca... Por eso, decidí probar con otra novela sueca. Ése fue el primer error. El segundo, evidentemente, es que me confié que por simple hecho de compartir apellido la novela tenía que ser buena... Eso y que en la contraportada del libro una tal Sköna Hem pusiera que "Aurora Boreal mantuvo despierto toda una noche al escritor Stieg Larsson". Tengo que admitirlo: caí de cuatro patas.

Pero vayamos al grano. La verdad es que en pocas palabras puedo hacer una descripción exacta de lo que me encontré en esta novela de la que, todo sea dicho, tenía muchas expectativas. Me encontré ante una trama aburrida, unos personajes predecibles, un tema poco ocurrente y demasiadas ganas por mi parte de encontrar rápidamente otra novela tan absorvente como las del otro Larsson.

Así que si podéis esquivar la lectura de este libro, esquivadlo y buscar cualquier otra historia, que seguro será mejor. De todas formas, si a alguien le apetece leérselo, para seguir con la tradición, ahí va el primer párrafo del libro para ir abriendo boca:

"Cuando muere Viktor Strandgard, en realidad no es la primera vez que sucede. Está tumbado de espaldas en la iglesia de la Fuente de Nuestra Fortaleza y mira hacia arriba a través de los enormes ventanales que hay en el techo. Es como si no hubiera nada entre él y el oscuro cielo de invierno."

lunes, 22 de junio de 2009

Trilogía Millenium - La mujer que amaba a un escritor sueco que no la dejaba dormir por las noches


Acabo de pasar la página 854 del tercer volumen de Millenium, La reina en el palacio de las corrientes de aire. Y sólo siento lástima... ¡¡¡Qué lástima que ya se haya acabado!!! ¡¡¡Qué lástima que no haya un cuarto tomo!!! ¡¡¡Qué lástima de corta vida (sobre todo literaria) de Stieg Larsson!!! Me siento en parte huérfana y abandonada... ¿Qué voy a leer ahora? ¿Qué autor me va a fascinar tanto? ¿Qué libro me va a mantener en vilo durante tantas páginas?

Cinco días me duró el primer tomo. Otros cinco días volaron mientras leía la segunda parte. Y sólo cinco más he tardado en devorar esta tercera parte. No sé qué puedo decir que no se haya dicho ya de este fenómeno febril que se ha convertido el saber qué le ha sucedido a Lisbeth Salander. ¿Por qué cae tan bien este personaje? ¿Por qué compartimos esa cierta simpatía de Bloomkvist hacia Lisbeth? No lo sé, pero yo soy de Lisbeth Salander.

Tengo que reconocer que leerse más de 2.000 páginas en 15 días suena enfermizo, pero una historia como la de Millenium merece la pena. Más allá de las dificultades del principio (los nombres suecos de personajes y calles de varios escenarios de Suecia, la dilatada información sobre economía del país, la falta de acción en el primer tomo...) Larsson consigue que afiances una más que simpática complicidad hacia los dos protagonistas del primer tomo. Y no sólo hacia ellos dos, sino al completo universo de personajes que se van sumando a tan increíble argumento.

Resulta inevitable no sentirse parte de la gran familia que al final conforman todos los personajes de la trilogía, una vez ya has aprendido a asociar nombres,personajes y cargos, claro. La verdad es que los voy a echar de menos a todos (menos a los malos, of course).

No quiero desvelar absolutamente nada de ninguna de las historias y tramas que se van entrelazando en la Trilogía Millenium. Pero lo que sí os voy a decir es que hay un antes y un después de Lisbeth Salander. Y a pesar de que hay gente que dice que es un libro que sólo goza de buena aceptación porque ha habido un boom mediático a su alrededor, para mí se ha convertido en una de las lecturas imprescindibles para cualquier persona.


NOTA
Normalmente, la idea era colocar el primer párrafo del libro en cuestión. Por varios motivos, con esta trilogía voy a hacer una excepción y, a pesar que en la web oficial os podéis descargar los primeros capítulos, YO no deseo desvelar nada. Ahí queda eso.